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Malacoria, un blanco con retrogusto a historia local

Vino Malacoria, viticultura local en Cantabria.

Porque recuperar una actividad local histórica como medio de vida es ya de por sí una historia que desde HiperSocial nos orgullece difundir. Si encima hablamos de viticultura sostenible made in Cantabria, las ganas de hablar sobre el vino Malacoria nos superan y bien merece nuestra primera entrada sobre actores locales de economía social en nuestra región.

Viñedos Malacoria, Finca Prao Hoyo en Mazcuerras, Cantabria
Viñedos Malacoria, Finca Prao Hoyo en Mazcuerras, Cantabria

A principios de diciembre, visitamos los viñedos de la finca ‘Prao Hoyo’, 2 de las 5 hectáreas que Pablo Oria viene cultivando con mucho mimo y esfuerzo desde hace 7 años. En ella y en “La Gándara”, que cuenta con 3, se concentran quince mil cepas de Riesling, Chardonnay y Albariño que en su primer año de producción han dado vida a mil botellas de vino Malacoria. Información sobre este vino y sobre Pablo empieza a abundar así que para no repetir lo ya publicado, os invito a leer otros artículos como este aparecido en el Diario Montañés.

 

Un nombre entre mito e historia

Malacoria fue el topónimo de Mazcuerras hasta el siglo IX, según afirmara en su obra Nuevo viaje de España. La ruta de los Foramontanos, Víctor de la Serna, hijo de la célebre escritora Concha Espina. Sin embargo, hay historiadores que lo consideran un mito cántabro ya que no está confirmada la ubicación geográfica actual de la citada Malacoria (en el enlace tenéis el por qué).

Que sea o no un hecho verídico a estas alturas es lo de menos, lo que nos importa y atrae es la intención de recuperar la producción vinícola cántabra a través de un nombre que liga una marca a una zona, fortaleciendo así su vínculo con el estatus de Vinos de la Tierra que actualmente ostenta y que en un futuro le permitirá acceder a una IGP.

Estrategias de marketing que parten del sentido común.

Encontramos el viñedo con la hoja recién caída tras los primeros fríos (aunque en este cálido invierno lo del frío sea relativo) y para Pablo esto significa el comienzo de la poda.

Una parte crucial en el ciclo de las vides al que se enfrenta sólo, de momento. 4 meses de trabajo en solitario porque, explica, “prefiero hacerlo sólo pues en Cantabria no contamos con especialistas, como ocurre en La Rioja que tienen grupos de poda expertos en viñedos”.

Y lo hace mediante un sistema de poda conocido como Guyot Doble con el que consigue aumentar las yemas de producción, garantizar un sano crecimiento de la planta con sarmientos diferenciados para producción y renovación, así como favorecer la exposición uniforme de las vides al sol según su posición y facilitar la recogida de los racimos.

 

 

Tras formarse, documentarse y visitar otros viñedos similares por Europa y enriquecerse con técnicas de otras latitudes, la sonrisa de Pablo mientras nos habla de su Malacoria ya dice mucho.

“Es satisfactorio el trabajo y es satisfactorio estar aquí. En invierno solo conmigo mismo, al aire libre… a veces es duro, hablas mucho solo y te vuelves menos sociable.” Pero entre esto y estar encerrado en una oficina, no lo dudó ni un segundo.

 

Del papel a la montaña cántabra

Hizo de su proyecto de fin de carrera su realidad laboral; estudiar agrónomos rodeado de los caldos del Duero tuvo obviamente bastante que ver. Ubicarlo en Cantabria, la tierruca, dinamizando la viticultura local también lo tuvo claro desde el principio.

La idea con los años ha ido tomando forma, los últimos 7 han sido de arduo y minucioso trabajo de preparación; podría haber recogido desde el tercer año, pero Pablo ha preferido esperar al quinto para lograr desde el principio uvas de mayor calidad.

Malacoria dio su primera producción en 2015 con mil botellas que se las quitaron de las manos, “el restaurante de aquí al lado me pidió 400 botellas sin haberlo probado siquiera, y así muchos conocidos” nos cuenta.

Para 2016, Pablo espera sacar unas 5 mil que ya están prácticamente adjudicadas: con el boca a boca ya tiene asegurada la distribución directa en Torrelavega, Suances, en la zona de Cabuérniga

“Cuando tenga quince mil ya tendré que plantearme la distribución indirecta pero de momento no lo necesito”; ahora con suministrar a bares, restaurantes y establecimientos especializados, Malacoria empieza a hacerse un hueco en la enología cántabra con muy buen pie.

Mientras paseamos por las vides nos cuenta un poco más sobre el origen de este proyecto: entre el siglo XIII y XIX, en Cantabria se llegó a producir cuarenta mil litros de vino, especialmente entre Cortiguera y la zona del Barrio de la Cuba de Suances, producción orientada especialmente al consumo de la Abadía de Santillana. Pero una plaga de filoxera, un piojillo de raíz que vino en cepas provenientes de América, se extendió por toda Europa y arrasó con muchos viñedos de la época.

En la mayoría de los casos, se recuperó la producción mediante injertos en patrones resistentes a la plaga, pero en Cantabria supuso el fin del sector. “En el País Vasco, cogieron cepas cántabras sanas que quedaban y las injertaron sobre patrones resistentes y ahí tienes el Txacolí. Nosotros en Cantabria pusimos vacas y se acabó el vino cántabro”.

Hasta que Pablo y otros emprendedores vinícolas decidieron retomar esta actividad para recuperar un sector en clave de dinamización económica. Dinamización local y sostenible para el futuro de la agricultura en nuestra región, hasta ahora dedicada básicamente a la ganadería.

Hoy en día, todas las cepas, incluidas las de Pablo, son injertadas sobre patrón americano para protegerlas de la filoxera.

 

Un primer paso

Viñedos Malacoria, viticultura sostenible en Cantabria
Pablo en los viñedos Malacoria.

Hablamos de futuro, de otros proyectos de gastronomía local y enoturismo que ya están cosechando éxitos en la región. Los vinos de Cantabria vuelven y con fuerza, apostando por un maridaje con otros productos locales, un buen intento de potenciar el asociacionismo y la creación de redes de producción sostenible.

En el caso de Malacoria, la alianza con el Queso Gomber, ampliamente galardonado a escala internacional, es un paso más en la estrategia de promoción comercial que Pablo va poco a poco articulando para su vino.

Además, su idea a futuro es restaurar el antiguo establo de Prao Hoyo, y ampliar las posibilidades que ofrece el lugar. El vino es el primer paso en un proyecto que busca integrar lo mejor de la gastronomía y enología local, ofreciendo calidad más que cantidad.

Escollos en el camino, muchos… desde una meteorología cada vez más impredecible que descoloca al agricultor, hasta la falta de apoyo institucional a este tipo de iniciativas.  “En las instituciones va muy lento, aún la ganadería predomina y cuesta mucho recibir apoyo desde el gobierno”, me comenta.

Y aun así, este entusiasta de la naturaleza en general y de la cántabra en particular, ve siempre el vaso medio lleno: la finca se encuentra en una zona catalogada como desfavorecida y de atención prioritaria, lo que le ha permitido sumar puntos de cara a conseguir las ansiadas ayudas de incorporación al sector agropecuario.

Tras la visita, Pablo nos invita a probar el Malacoria en un restaurante cercano, el Asador de Javier, donde nos lo sirven acompañado de quesos Gomber y Jarradilla. Quesos cántabros de consolidado prestigio acompañan en nuestro paladar a la fresca degustación del naciente Malacoria.

Bueno. Muy bueno.

Sonrío y una vez más me alegro y enorgullezco de vivir en Cantabria. Y de sus gentes.

Un privilegio más a añadir, potenciar y difundir de los tantos con los que cuenta nuestra tierra.

Brindamos por Malacoria, porque nos acompañe muchos años.

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